Si quieres grita, grita. Si quieres hablar, habla. Si quieres pegar, pega y si quieres llorar, llora. Pero piensa que el odio no es la mejor compañía para la razón, y que dos segundos de placer vengativo, se pueden convertir en años de remordimientos atroces.
Piensa antes de vengarte, porque no es la mejor solución, aunque te lo parezca en ese momento
Mundos de papel
martes, 12 de febrero de 2013
lunes, 11 de febrero de 2013
Que no oigas las gotas tocar el suelo, no significa que no llueva
Hay mucha gente que te dice, a lo largo de tu vida, que llorar cuando estás triste es muy sano, no hace daño. Tienen razón. A mi me ha pasado. A veces, fuera de mi casa, he querido llorar, pero no he sido capaz. Tal vez porque tengo la sensación de que es una muestra de debilidad. Y no me gusta sentirme débil.
Así que odio esos momentos en que lo único que quieres es encerrarte en el baño y llorar hasta quedarte seca, y todos fingen que no pasa nada y siguen a su rollo, sin advertir que lo que pasa por dentro de ti es como una tormenta devastadora. Mientras lloras por dentro, por fuera estás impasible. Mantienes firme una máscara dura como el diamante, que se resiste a los cortes, pero que, sin embargo, a un golpe de la almohada por la noche, cuando todos duermen, se rompe en mil pedazos y te deja a la intemperie, en carne viva.
Y, simplemente, es como esos días en los que llueve y no te das cuenta hasta que miras por la ventana y lo ves todo mojado. Es como esos días de niebla húmeda que viene del mar en los que parece que solo hace un poco de frío pero lentamente cubre el suelo hasta el amanecer, con todo empapado.
Porque que no oigas llover, no significa que no llueva.
Y, simplemente, es como esos días en los que llueve y no te das cuenta hasta que miras por la ventana y lo ves todo mojado. Es como esos días de niebla húmeda que viene del mar en los que parece que solo hace un poco de frío pero lentamente cubre el suelo hasta el amanecer, con todo empapado.
Porque que no oigas llover, no significa que no llueva.
sábado, 9 de febrero de 2013
Cuervo
Y el cuervo se te acerca,
Se aproxima
Aleteando con fuerza
Esas plumas negras
De azabache y cristal
Sus ojos te miran,
Te observan
Se clavan en tu alma
Como sombras
De un demonio ancestral
Tiemblas, te agachas,
Te escondes
Te ocultas de aquello
que todo lo ve, y rezas para jamás
de nuevo aquella mirada atisbar
pero en el fondo sabes,
oh, si, lo sabes
que el cuervo a tu casa volverá,
como noche hambrienta
regresa al ponerse el sol.
Te acurrucas y te tapas,
Te cubres con las mantas,
Y cierras los ojos para soñar,
Y creer así al despertar,
Que todo ha sido solo un sueño.
Y cuando sientes que te hundes,
Que te dejas llevar,
Ves al cuervo en tu ventana,
Que ya vuelve a asomar,
Y a tu alma reclamar.
domingo, 30 de diciembre de 2012
Entre cuentos de princesas y feroces dragones...
¿Por qué a los humanos nos gustan tanto las historias? Ya sean leídas, oídas, relatadas o contempladas, las historias y los cuentos conviven con nosotros, y forman parte de lo que somos. De nuestra cultura.
Vivimos en un mundo que ha logrado dar vida a esas historias, otorgar poder a los personajes para que podamos verlos vivir sus aventuras, con las que nosotros soñamos en silencio.
Hay dos métodos, en la actualidad: la televisión / cine, o los libros.
Ambos ejercen una atracción irracional hacia nosotros. Somos seres ávidos de conocer nuevos mundos, descubrir posibilidades, de hallar el amor, el odio, la venganza, la muerte, y, aveces, incluso... la redención.
Las historias tienen esa mágica cualidad que te permite desaparecer del mundo y vivir otra vida, de conocer otra gente, de enamorarte mil veces, de llorar de tristeza y de alegría, de mantenernos en vela por las noches, cuando vamos avanzando en la acción, y de pensar "una más y ya..." y no cerrar el libro hasta muy tarde. O no cerrarlo
Porque las historias surgen de la imaginación. Y son como los sueños. Amigos que conocen y comparten nuestras confidencias, y hasta nuestros más oscuros secretos, y que los entienden. Y en algunas ocasiones, los comparten.
Por eso, no digas que lees, o que ves una película. Di que sueñas despierto, entre príncipes y detectives, policías y ladrones, caballeros medievales o Jedi, elfos, enanos, hobbits y trols, varitas mágicas, hipogrifos, horrocruxes, sheks y dragones, brujos, magos y arboles que cantan. Entre cuentos de princesas y feroces dragones... o aveces no tan fieros.
Porque es la magia de las palabras. La que no conlleva un precio. La única que quizás valga la pena.
Solo tienes que soñar despierto.
lunes, 17 de septiembre de 2012
De vuelta al ruedo
Bueno, un año más regresamos a esa vida a la que los simples mortales llaman laboral. Entre libros de texto, clases y otros monstruos me encuentro batallando desde el miércoles, y así espero seguir hasta las vacaciones de navidad. Por ahora no voy a publicar salvo los fines de semana, y horas extraordinarias entre semana. Bueno, feliz retorno a las clases, y mucha suerte con el nuevo curso!
S. R.
S. R.
jueves, 7 de junio de 2012
En caída libre
¿Qué ocurre cuando tienes la tensión mental de pensar "si no hago esto bien, todo lo demás no habrá servido"? ¿Qué cuando compruebas que ya puedes relajarte, porque has conseguido superar esa tensión? ¿Qué cuando te dicen que lo que has hecho es inútil porque nunca te habría servido, aunque tu no lo supieras? ¿Qué ocurre cuando sabes que, hagas lo que hagas, vas a fallar, que vas a caer tan hondo y tan deprisa que no te vas a dar ni cuenta?
Pues de esas veces hay a cientos. Y son lo peor que te puede pasar. Porque estás en una constante caída libre, por un precipicio del que conoces demasiado bien el final, y al que no quieresd llegar, pero tu paracaidas se ha roto o ha desaparecido. O simplemente desde el principio, no lo llevabas puesto y no te dabas cuenta.
Simplemente, te estampas, y fin.
Pues de esas veces hay a cientos. Y son lo peor que te puede pasar. Porque estás en una constante caída libre, por un precipicio del que conoces demasiado bien el final, y al que no quieresd llegar, pero tu paracaidas se ha roto o ha desaparecido. O simplemente desde el principio, no lo llevabas puesto y no te dabas cuenta.
Simplemente, te estampas, y fin.
sábado, 26 de mayo de 2012
Una parón en el camino
Como ahora me queda un mes para acabar el curso, voy a pasar un tiempo sin publicar, de modo que a la vuelta, seguramente, será ya el solsticio de verano. ¡"Felices" exámenes a los estudiantes, y ánimo!
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